Silvia SANCIDRIAN
Publicado el agosto 16, 2017, 12:04 pm
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Aranda de Duero

En la entrada de este mes, Silvia Sancidrián nos acerca el encanto de Aranda de Duero, tan visitada estos días a raíz del festival de música alternativa Sonorama Ribera. Si todavía no has disfrutado de esta ciudad, seguro que no te podrás resistir después de leer este post. ¡Qué lo disfrutes!

Mi relación con esta localidad viene de lejos. No en vano, tengo una bella sobrina que se siente realmente orgullosa de ser arandina… Arandina y «cantarina», porque de entre las muchas singularidades que tiene la Villa de Aranda, el sonoro acento de sus lugareños es una de las que más llama la atención al recién llegado. Esto, y el primer bocado a su morcilla, que nada tiene que ver con la que se elabora en la capital, y ante la cual solo cabe decir aquello de «para gustos los colores» o, más bien, en este caso, «para gustos los sabores». 

Pero más que a la morcilla, es por todos conocido que Aranda de Duero está íntimamente ligada a los cuartos del lechal y al vino de la Ribera, del Duero por su puesto. El pasado mes de junio tuvieron lugar las XVII Jornadas Gastronómicas del Lechazo Asado, durante las cuales Aranda se vistió de fiesta. A los amantes del buen yantar y del mejor beber que no pudisteis asistir os remito a su página web y os invito a reservar una fecha en vuestro calendario del próximo año para dejaros caer por allí. Estoy segura de que vuestro alto vientre os lo agradecerá.

No todo es lechazo y vino de la Ribera

Pero para mí salir de vinos por las calles de Aranda de Duero es no dejar de pedir croquetas. Hasta hace nada era una enamorada de las de «El Faroles» y «El Ciprés», y desde hace unas fechas, las de «La Pícara» vinieron a conformar mi trío de ases. ¡Qué delicadeza y grato sabor en un producto de, a priori, tan sencilla elaboración! Y dicho esto, siento no tener una foto con la que ilustrar esta parte del relato. Cada vez que quería sacar una, ya había dado buena cuenta de ellas, enfrascada como estaba en alguna de esas conversaciones que surgen a borbollones y que te hacen olvidar el motivo de tu visita de ese día a la localidad.

Sin embargo, sí que os dejo otra imagen y una recomendación. En este caso un postre: un cremoso de queso, también de «La Pícara». ¡Sublime! Si muchas veces un mal postre tiene la desdichada virtud de arruinar una buena comida, este no hizo sino poner el broche de oro a una gran mañana.

Aranda de Duero

En cuanto a los «pensamientos en los pies», estos tienden a surgir, casi siempre, cuando una tiene el estómago lleno y la cabeza privada del rico «caldo» que nos constituye y nos da vida. Cuando la risa y el sentido del humor vienen a compensar el fastidio que supone que rompa a llover tan solo unos minutos después de haber llegado a la piscina. Cuando, por ello, la tarde quiere estropearse casi sin querer. Así estábamos mi amiga y yo, al resguardo de la tejavana del bar y con los pies apoyados en la jardinera, «como los americanos» que dice mi padre. Y de repente, y sin pretenderlo en absoluto, una imagen que algún día el tiempo se encargará de sancionar (mandatarios políticos con los pies en una mesa y los pensamientos vaya usted a saber dónde) nubló nuestro entendimiento, a semejanza del encapotado cielo que teníamos encima.

La revisión del mundo en que vivimos no se hizo esperar. Pero esta harina es de otro costal, y no quisiera yo emponzoñar mi relato con estas cuestiones. Por ello, me voy a quedar con lo bueno de aquella tarde; con la algarabía del grupo de adolescentes que, ajenos a cualquier tipo inclemencia, la meteorológica incluida, jugaba y se divertía a rabiar dentro del agua. ¡Qué recuerdos de niñez y juventud; qué sana envidia!

Lo que no te puedes perder en Aranda de Duero

Pero toca reconducirse, y si usted echa de menos una relación de lugares que visitar en Aranda de Duero, a continuación relaciono mis imprescindibles:

  • una visita a la iglesia de San Juan y, cómo no, a la de Santa María, joya del gótico isabelino castellano.
  • un paseo por los soportales de la Plaza Mayor, para ver y ser visto (que no hay costumbre más castellana que esta); y por la Plaza del Trigo y la calle Isilla (en cuyo subsuelo se despliega toda una red de bodegas subterráneas, visitable en alguno de sus tramos); así como por la Plaza del Rollo, donde uno se retrotrae a épocas de tortura y dominio de reyes. Y, hablando de reyes, o mejor dicho, de emperadores, el paseo lo puede terminar frente a la Casa-Palacio de los Berdugo, en la que se dice que en noviembre de 1808 se alojó Napoleón cuando preparaba su ataque a la capital del reino
  • y, por supuesto, el robusto y famoso puente de Aranda sobre el río Duero, con parada en el Parque del Barriles, donde descansar y escuchar el rumor del río o las conversaciones de la gente (actividad esta que a mí, particularmente, me produce un genuino placer, valga la indiscreción).

 

Aranda de Duero

Industria, música y deporte

Para finalizar, no puedo dejar de señalar que Aranda de Duero también destaca dentro del panorama provincial por otras cuestiones:

  • por su importante centro industrial: Leche Pascual, Michelin y GlaxoSmithKline dan trabajo a cientos de personas de los alrededores.
  • por su festival de música SONORAMA, que todos los veranos concentra en sus calles a miles y miles de personas y que este año ha celebrado su 20 aniversario.
  • y, para los amantes del balonmano como yo, por la presencia en Liga ASOBAL del Villa de Aranda, un modesto equipo que desde hace unas temporadas se codea con los grandes del panorama nacional, y que hasta hace unos días era el único equipo de la provincia que ostentaba semejante privilegio. Aunque, por fin, y después de mucho merecerlo, el CB Miraflores de la capital jugará la próxima temporada la Liga Endesa de baloncesto.

Y sin querer he vuelto a sacar la harina de su sitio. Creo que pondré aquí el punto y final, y tan solo añadiré que elija usted la opción que elija para visitar Aranda de Duero, antes o después seguro que volverá.

Silvia SANCIDRIAN
Cuando era pequeña escuché en algún sitio que una ardilla podía atravesar España de punta a punta saltando de rama en rama, de un árbol a otro. A veces me imaginaba a mí misma haciendo aquello. Libre, viajando de un lugar a otro, combinando mi amor por la naturaleza y mis inquietudes por conocer lugares nuevos. Imaginando que esa red de árboles no tenía fronteras y podía recorrer el mundo de aquel modo tan sencillo. Para todo en esta vida hace falta dar un primer salto.