Publicado el agosto 25, 2016, 12:49 pm
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Cuando  Eduardo Abad finalizó su formación universitaria, ya había tomado  la decisión de embarcarse en su actual proyecto, Paradilla 143, ubicado en la localidad ribereña de Pardilla. Lechazoasado.net y Paradilla 143 es un proyecto puesto en marcha por ganaderos de ovino de la Ribera del Duero que quieren garantizar al consumidor la autenticidad de su compra.

Licenciado en Químicas por la UBU y con estudios de Tecnología de los Alimentos, el joven ganadero de Pardilla ha conseguido alzarse con el Premio Joven Empresario 2013 con su proyecto Paradilla 143 S.L, Que combina la ganadería de ovino con la transformación de la materia prima y su venta. Es este toque fresco e innovador, consiguiendo cerrar el ciclo productivo en el medio rural, lo que ha valorado fundamentalmente el jurado que le concedió este galardón. Previamente este joven empresario y emprendedor quedó finalista español en 2012 del Premio Joven Agricultor  Innovador, que se falló en Bruselas, algo que le hizo desplegar las alas un poco más y volcarse de lleno en su proyecto.

Paradilla 143, un proyecto cargado de expectativas

Abad confiesa que ha sido de su padre de quien ha heredado esa verdadera pasión por la ganadería, siempre han tenido una gran predilección por las ovejas, y una intención firme de hacerle llegar al consumidor un producto en el que se viesen reflejados  calidad y origen a partes iguales. Con esta filosofía nace Paradilla 143, un proyecto que se centra en el cierre de ciclo desde la cría del ganado hasta el consumidor final, para ello cuentan con un restaurante que cerró hace un año y actualmente ha vuelto a retomar las riendas de este, gracias a su buena posición entre los mejores restaurantes de España, “Se trata de  un centro de degustación de lechazo. Realizamos  ese último tramo, el de la restauración, pero lo que yo quería era vender el producto al vacío. El fin del restaurante es que la gente conozca el producto y también que se puedan llevar a casa el lechazo envasado al vacío y disfrutarlo en sus casas sin que el producto pierda absolutamente nada calidad, igual que si se lo comiesen en el restaurante”, explica Eduardo.

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Pero lo verdaderamente importante de este joven ganadero, que cuenta con varios premios y reconocimientos desde que inicio su andadura con Paradila 143, es su real y latente preocupación por el futuro de este sector. Eduardo quiere que las cosas cambien y se muestra firme y contundente con sus ideas al respecto. Busca acabar de raíz con la idea del escaso reconocimiento que reciben los ganaderos y superar de una vez por todas el problema generacional al que se enfrentan la mayoría de los ganaderos, para darle continuidad a un oficio que ha existido toda la vida. “Se trata de crear oportunidades para jóvenes con inquietudes hacia el sector de la ganadería. Romper en parte ese lazo generacional. Que cualquier persona que quiera aprender nuestro oficio pueda hacerlo, pueda recibir la formación necesaria sin la necesidad de llevar a la espalda obligatoriamente una herencia familiar de ganaderos. Si yo no tengo relevo generacional para mi explotaión, esto se queda tirado, eso es lo que hay que solucionar”, declara Eduardo Abad.

Paradilla 143: objetivos y metas

Abad se marcó como objetivo hacer visible la figura del ganadero, y lo ha conseguido. “los ganaderos muchas veces no son lo suficientemente valorados, se trata de una profesión fundamental en nuestra sociedad y un trabajo muy esclavo que no recibe el reconocimiento merecido. Los ganaderos no somos la cara visible del proceso”, explica el joven empresario. Con su proyecto, Paradilla 143, Eduardo ha logrado ese merecido reconocimiento.

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“Es un oficio para 10 años en la vida de un hombre, se trata de un trabajo en el que estás en constante alerta y cuidando de tu ganado, hay que tener muy claro que supone una gran responsabilidad. El problema actual está muy claro: tal y como están las cosas, ¿Quién desea tener la calidad de vida de un ganadero?, nadie. Hay que cambiar las cosas para que todo amante de esta profesión pueda dedicarse a la ganadería sin que suponga una esclavización de por vida, y que cuando ese ganadero ya no esté, no tenga que sucederle su hijo si no quiere, y lo haga alguien que se ha formado para ello y tiene verdadera vocación”, detalla Eduardo.

Ahora toca dar un paso más y conseguir que las cosas den un giro, comenzando por hacer saber a los ganaderos que su trabajo se valora y se respeta enormemente, que existe una conciencia real de la importancia de la labor que desempeñan,  ni más ni menos. Podríamos decir que Eduardo Abad es un joven empresario volcado en demostrar la realidad de una profesión de las de toda la vida, y a la vez encontrar el mejor camino hacia el contacto directo y real del consumidor con el lugar de origen y el producto.