Un cordero genéticamente modificado en Francia acaba en la cadena alimentaria

Publicado el junio 26, 2015, 9:16 am
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Por una acción malintencionada en la que están implicados dos empleados del laboratorio responsable

Un cordero genéticamente modificado con una proteína de medusa que había sido creado en un proyecto de investigación médica terminó en la cadena alimentaria en la región de París por una acción malintencionada en la que están implicados dos empleados del laboratorio responsable. El cordero, bautizado Rubis, había nacido en la primavera de 2014 en el centro de Bressonvilliers del Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA), un organismo de titularidad estatal, y fue enviado al matadero Sarovi en agosto confundido en un rebaño con el que no tendría que haberse mezclado y de ahí se dedicó a la alimentación humana, reveló hoy “Le Parisien”. Fue uno de los empleados encargado de cuidar el rebaño de la unidad del INRA el que -aparentemente como forma de venganza por unas relaciones laborales conflictivas- llevó el animal transgénico dentro de un lote con otros convencionales al matadero, lo que está terminantemente prohibido.

    Lo hizo con la firma de su jefe de equipo, que no se enteró de la maniobra hasta que días después se dio cuenta de la desaparición de Rubis.

    El responsable decidió, pese a todo, mantener en secreto la operación -de acuerdo con algunas fuentes porque tenía miedo que eso amenazara un cambio en su estatuto profesional- y sólo reconoció lo que había pasado el 5 de noviembre después de que un particular hubiera acudido a comprar el cordero en cuestión.

    El INRA asegura que el consumo de su carne no presenta ningún riesgo sanitario, pero en cualquier caso además de la investigación administrativa se ha abierto un procedimiento judicial.

    Una de las cuestiones que están pendientes de determinar es quién fue el comprador de la carne del animal a su salida del matadero.

Un animal ‘creado’ para estudiar los trasplantes coronarios

    Rubis era uno de los hijos de Emeraude, una oveja genéticamente modificada mediante una proteína de medusa con el objetivo de que presentara una coloración fluorescente y una piel transparente y así poder visualizar y estudiar trasplantes en personas con problemas de insuficiencia cardíaca.

    La divulgación de la historia provocó reacciones de responsables políticos pidiendo responsabilidades y medidas para evitar que un incidente similar se reproduzca, empezando por el ministro de Agricultura, Stéphane Le Foll, que consideró lo ocurrido “inaceptable”

    “Ahora hay que sacar todas las consecuencias”, señaló Le Foll en una entrevista a la emisora de radio “France Info”, en la que indicó que ha pedido que en el INRA “un plan de acción” para que este incidente “no se reproduzca”.

    “Aunque nos orientamos a un acto malintencionado, tiene que haber en los protocolos medidas que permitan garantizar la seguridad de esas experiencias, que son necesarias”, subrayó. El ministro insistió en que “los animales utilizados para la investigación no deben acabar en la cadena alimentaria. Es el principio de base”.