La diversidad de variedades vegetales en España es el resultado de siglos de agricultura, selección de semillas y adaptación a territorios muy diferentes. Desde cultivos resistentes al frío de las zonas montañosas hasta frutas subtropicales del litoral, el campo español reúne variedades tradicionales, comerciales y nuevos cultivos que reflejan tanto su historia como los cambios en la agricultura.
Actualmente, España es el primer productor de frutas y hortalizas de la Unión Europea, con más del 25 % de la producción comunitaria. En 2024 se destinaron alrededor de 1,87 millones de hectáreas a frutas y hortalizas, incluida la patata, con una producción superior a 27,5 millones de toneladas.
En este artículo de Fundación Caja Rural repasamos la evolución de la agricultura española, la llegada de nuevos cultivos y los desafíos que plantea conservar este patrimonio vegetal para las próximas generaciones.
Historia de la agricultura en España y sus variedades

La historia de la agricultura en España está estrechamente ligada a los pueblos que han habitado la península. Cereales, leguminosas, vid y olivo convivieron con especies introducidas en diferentes momentos históricos y posteriormente adaptadas a las condiciones locales.
Durante siglos, los propios agricultores seleccionaron y conservaron semillas atendiendo a características como productividad, sabor, resistencia, ciclo de cultivo o capacidad para soportar determinadas condiciones climáticas. Así surgieron numerosas variedades tradicionales adaptadas a territorios concretos.
El INIA-CSIC destaca que estas variedades se adaptaron durante siglos a las condiciones agroclimáticas y prácticas agrícolas de sus lugares de origen. Sin embargo, durante el siglo XX muchas fueron sustituidas por variedades modernas obtenidas mediante programas de mejora vegetal.
| Aspecto | Hace 100 años | Hace 50 años | Actualidad |
| Variedades | Predominio de variedades locales | Expansión de variedades mejoradas | Convivencia de variedades comerciales, tradicionales y nuevas |
| Semillas | Selección e intercambio local | Mayor especialización y comercialización | Semillas comerciales y recuperación de variedades locales |
| Producción | Principalmente vinculada al territorio | Mecanización e intensificación | Agricultura tecnificada y orientada también a mercados internacionales |
| Diversidad | Elevada diversidad dentro de sistemas locales | Reducción de numerosas variedades tradicionales | Mayor interés por conservar recursos genéticos |
| Nuevos cultivos | Incorporación más lenta | Expansión de nuevos cultivos comerciales | Crecimiento de subtropicales y cultivos alternativos |
¿Por qué existen tantas variedades vegetales en España?

Una de las claves está en la diversidad climática y topográfica de España. El clima atlántico del norte, el mediterráneo, las áreas continentales del interior, las zonas montañosas y las condiciones subtropicales de Canarias y determinados territorios del sur crean ambientes agrícolas muy distintos.
También existen grandes diferencias de altitud, pluviometría, temperatura, disponibilidad de agua y características del suelo. Como consecuencia, una variedad adecuada para una explotación del norte peninsular puede comportarse de forma muy diferente en una zona agrícola mediterránea.
Esta heterogeneidad ha favorecido históricamente la selección de plantas adaptadas localmente y explica parte de la riqueza de los recursos fitogenéticos españoles.
Variedades más comunes en España
Tomate, pimiento, cebolla, ajo, lechuga, calabacín, berenjena, pepino, melón, sandía y diferentes tipos de coles forman parte de los cultivos hortícolas habituales. Sin embargo, hablar únicamente de especies oculta una diversidad mucho mayor.
De una misma hortaliza, muchas variedades
El tomate es uno de los mejores ejemplos. Bajo una misma especie encontramos variedades tradicionales y comerciales con diferencias de tamaño, color, sabor, productividad y adaptación. Algo similar ocurre con cebollas, pimientos, melones, judías o calabazas.
El propio catálogo de recursos fitogenéticos del Ministerio recoge diferentes materiales de tomate, cebolla, ajo, melón, pepino, calabaza, sandía y judía, entre otros cultivos.
Entre las hortalizas y variedades vinculadas a determinados territorios encontramos ejemplos como el tomate Rosa de Barbastro, pimiento de Herbón, cebolla Fuentes de Ebro o berenjena de Almagro. Su diferenciación demuestra cómo agricultura, territorio y alimentación pueden evolucionar conjuntamente.
Variedades de frutas autóctonas y tradicionales
España también conserva una importante diversidad de frutales. Manzanos, perales, cerezos, higueras, almendros, ciruelos, melocotoneros, olivos y vides presentan numerosas variedades desarrolladas, seleccionadas o conservadas durante generaciones.
Conviene diferenciar entre especies originarias de un territorio y variedades locales. Una especie puede haber llegado a España hace siglos y haber generado posteriormente variedades estrechamente asociadas a una comarca concreta.
Entre los ejemplos conocidos pueden encontrarse variedades de manzana como Reineta o Verde Doncella, peras tradicionales, diferentes variedades de cereza e higo y una extraordinaria diversidad de vid y olivo.
Gastronomía y promoción de las variedades vegetales locales

La gastronomía tiene un papel fundamental en su conservación. Cuando un restaurante, comercio o consumidor busca un tomate determinado, una legumbre local o una variedad concreta de fruta, crea demanda y proporciona una razón económica para seguir cultivándola.
Este vínculo entre agricultura y gastronomía permite que una variedad deje de percibirse únicamente como un recurso genético y pase a tener valor comercial, cultural y gastronómico.
Las denominaciones de origen, indicaciones geográficas, mercados de proximidad y proyectos de recuperación contribuyen también a diferenciar productos ligados a determinados territorios.
Nuevas apuestas: cultivos procedentes de otros países
La agricultura española nunca ha sido estática. Muchos alimentos considerados actualmente cotidianos llegaron originalmente de otros territorios. Hoy continúa este proceso mediante la implantación o expansión de cultivos tropicales, subtropicales y nuevas alternativas agrícolas.
Entre los cultivos que han ganado presencia durante las últimas décadas destacan:
- aguacate, mango, papaya y pitaya en zonas con condiciones adecuadas;
- pistacho como alternativa creciente en diferentes áreas del interior;
- frutos rojos, especialmente en determinadas regiones;
- nuevas variedades de cultivos tradicionales mejor adaptadas al calor o la sequía;
- especies alternativas estudiadas por su rentabilidad o adaptación a nuevos mercados.
El MAPA señala una tendencia al incremento de la superficie dedicada a frutas tropicales. Los datos de superficies agrícolas también han reflejado expansiones recientes del pistacho, almendro, aguacate, arándano y mango.
No todos los nuevos cultivos sirven para cualquier territorio
Introducir una especie rentable en otra región no garantiza los mismos resultados. Antes de realizar una nueva plantación deben estudiarse temperatura, heladas, disponibilidad hídrica, suelo, necesidades nutricionales, enfermedades, costes y demanda comercial.
El aguacate es un ejemplo representativo. Su expansión ha sido posible principalmente en territorios con condiciones agroclimáticas favorables, aunque su cultivo se ha extendido progresivamente hacia nuevas áreas productoras.
Bancos de semillas y oportunidades para el futuro
Conservar una variedad no significa únicamente guardar semillas. También es necesario caracterizarla, documentar sus propiedades, cultivarla y estudiar qué características pueden resultar útiles para la agricultura futura.
El Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC coordina y conserva parte fundamental de este patrimonio. Su Inventario Nacional reúne información de más de 82.000 accesiones mantenidas por la Red de Colecciones del Programa Nacional de Recursos Fitogenéticos.
Estas colecciones permiten recuperar variedades tradicionales y proporcionan material para investigación y mejora vegetal. Características como resistencia a sequía, adaptación a determinados suelos o tolerancia frente a enfermedades pueden convertirse en recursos especialmente valiosos.
Así, conservar las variedades vegetales españolas significa disponer de una reserva de diversidad genética con la que afrontar los retos agrícolas del futuro.
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Preguntas frecuentes sobre variedades vegetales en España
¿Qué es una variedad vegetal tradicional?
Es una variedad cultivada y seleccionada durante generaciones en un territorio, generalmente adaptada a sus condiciones ambientales y prácticas agrícolas. Puede presentar mayor diversidad genética que materiales comerciales modernos.
¿Cuáles son las hortalizas más cultivadas en España?
España produce una gran diversidad de hortalizas, entre ellas tomate, pimiento, cebolla, lechuga, pepino, calabacín, berenjena, melón y sandía. La importancia de cada cultivo cambia según la región y el sistema productivo.
¿Por qué es importante conservar variedades locales?
Porque mantienen diversidad genética que puede resultar útil para obtener cultivos adaptados a sequías, temperaturas extremas, enfermedades u otras condiciones futuras. Además, forman parte del patrimonio agrícola y gastronómico.

